el león cobarde

  Mamá leona sentía moverse a sus cachorros dentro.

Había llegado el momento de tener a sus hijos (o vendría la cigüeña). Se retiró a su cueva y allí empezó a recibir a sus crías.
Uno tardaba mucho en llegar, luego notó que era diferente de sus hermanos.
Los cachorros crecieron y aprendieron a cazar y a dormir solos. Poco a poco fueron abandonando su lugar de nacimiento.
Mamá leona cuidaba mucho de su cachorro especial.
El leoncito no había aprendido a cazar y le tenía miedo a las mariposas.
-Hijo mío- decía la leona- yo me iré y vos tenés que aprender a vivir solo. Tus hermanos ya saben vivir sin mí.
-Mamá, vos no te irás nunca- se apretaba contra ella.
-Mirá, todos nos vamos al cielo de los leones.
-¡No me dejarás!
-Está bien- lo tranquilizó- igualmente, tenés que aprender a conseguir tu comida.
Él escarbaba la tierra- mamá, me da miedo salir solo.
-¡Un león no tiene miedo! Somos feroces- ella mostró sus dientes y garras.
-Madre, ¿y si vienen las mariposas?
-Con un rugido las ahuyentás. Los leones mandamos en la selva.
-Yo no puedo.
-¿Qué haré con vos, hijo?
-Cuidarme siempre.
Ella suspiraba.
Los animales correteaban a su lado sin miedo. A la madre sí respetaban.
Por las noches le cantaba para que durmiese y no podía entender que fuese tan indefenso. Tenía dos años y se portaba como recién nacido.
“¿Qué leona le dará hijos?, nadie lo aceptará nunca”, lloraba pensando en el futuro de su retoño.
El joven estaba paseando cerca de un lago de África. Vio a unos humanos preparando una carpa, y escondido los espiaba.
“Mamá dice que usan unas cosas que hacen ruido y matan leones”. Sentía curiosidad por esas cosas. No conocía humanos y parecían inofensivos.
Los vio juntar ramas y prender fuego. Entonces se fue.
Un olor a quemado lo despertó. Los hombres dejaron prendida la fogata y fueron a buscar una presa, el viento expandió las llamas y los árboles empezaron a arder.
Todos los animales trataban de huir.
No podían acercarse al lago por las llamas.
Su instinto le decía que huyera, pero recordó que le habían dicho que el rinoceronte, con sus grandes patas apagaba incendios.
Mamá no estaba, ella siempre sabía qué hacer.
Corrió a buscar al rinoceronte y este, que no le temía, llamó a sus compañeros que atravesaban las llamas por tener la piel muy gruesa y con sus pies apagaron el fuego.
-Menos mal, señor león, que nos avisó a tiempo. La selva se salvó gracias a usted.- le dijo sacudiendo la cabeza el rinoceronte.
-Solo hice lo que un león hace. Mamá dice que nosotros no tenemos miedo.
-Pues es un héroe.
La noticia se divulgó por todos lados y lo nombraron rey de la selva.
Una de las leonas más bellas se casó con él.
Eso sí. Mamá leona tenía que ir a dormirlo contándole un cuento a él y a sus nietos.
Fue el rey que manejó sin miedo a los animales.
Las mariposas dejaron de darle terror cuando las vio como flores volantes.
Creo que a veces el no conocer del peligro nos hace parecer valientes, pero rescato la actitud de esa madre que no abandonó a su hijo. Sin saber qué hacer, lo cuidó como cachorro siempre.
Laura Trejo
Tú, Freddy Rojas, Yésica Caramés y 2 personas más
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